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Cuatro años de infierno en Ucrania: Niños viven en sótanos mientras el frío y los bombardeos apagan la esperanza

destroyed residential building

A pocos días del cuarto aniversario de la invasión rusa a gran escala, la ONU advierte que la población civil enfrenta un invierno brutal entre apagones, temperaturas de -20°C y ataques constantes a hospitales y escuelas.

GINEBRA/JERSÓN — El sufrimiento de los civiles en Ucrania no da tregua. A medida que el conflicto entra en su cuarto año, los ataques contra la infraestructura energética han sumido a ciudades enteras en la oscuridad y el frío extremo, convirtiendo la vida cotidiana en una lucha por la supervivencia. Así lo advirtieron este martes trabajadores humanitarios de la ONU, quienes describieron una crisis que no solo no cesa, sino que se intensifica con el invierno.

En una conferencia de prensa celebrada en Ginebra, Munir Mammadzade, representante en Ucrania del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), ofreció un desgarrador testimonio desde un improvisado centro de protección infantil en un sótano de Jersón. La ciudad, en la línea del frente, vive «bajo fuego constante».

«He estado escuchando bombardeos de artillería sin parar», relató Mammadzade, informando que la madrugada del martes se registró otro «ataque masivo y coordinado» contra infraestructura civil y energética. La brutalidad de la ofensiva quedó patente cuando el hospital infantil de la ciudad fue alcanzado en ocho ocasiones durante la mañana.

La vida en Jersón se ha trasladado «literalmente a la clandestinidad». Con la ciudad «casi completamente cubierta de redes antidrones», encontrar un lugar seguro es una misión casi imposible. De los 60,000 niños que residían en la localidad antes del 24 de febrero de 2022, apenas quedan 5,000. Estos pequeños, explicó el funcionario, «tienen que aprender, jugar y dormir en sótanos para mantenerse a salvo».

En la habitación contigua a la que Mammadzade se conectaba, un grupo de niños jugaba y era atendido por psicólogos. «Es algo precioso de presenciar en lugares como Jersón, porque apenas se ve gente afuera», comentó. Sin embargo, el daño psicológico es profundo. Las familias viven en un «estado de hiperalerta» constante y sufren niveles de agotamiento extremo. El representante de UNICEF concluyó que el miedo y el aislamiento están afectando directamente la salud mental y física de toda una generación.

Un país roto por la guerra y el frío

La crisis no se limita a las zonas de combate. Arthur Erken, director regional para Europa de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), explicó que los ataques a la red eléctrica han colapsado la vida en todo el país. «Los cortes de electricidad ahora condicionan la vida cotidiana: cuándo cocinan las familias, cuándo estudian los niños y cuándo los hospitales programan procedimientos», afirmó.

Con el termómetro cayendo hasta los -20 grados Celsius, las comunidades enfrentan una grave escasez de calefacción. Las personas desplazadas y quienes han intentado regresar a sus hogares son los más vulnerables.

Ucrania sigue siendo la mayor crisis de desplazamiento en Europa. Según datos de la OIM, de los 9.6 millones de personas que han huido de sus hogares, 3.7 millones son desplazados internos. La vulnerabilidad de esta población es extrema: «En uno de cada tres hogares desplazados, alguien vive con una discapacidad, y en más de la mitad, alguien padece una enfermedad crónica», detalló Erken.

Lejos de estabilizarse, la situación sigue generando nuevas oleadas de huida. Solo el año pasado, más de 450,000 personas fueron desplazadas, muchas de ellas por segunda o tercera vez. La OIM proyecta que 325,000 ucranianos que habían regresado a sus lugares de origen podrían verse obligados a huir de nuevo en los próximos meses, y un tercio de ellos contempla la posibilidad de abandonar el país definitivamente.

«Las intenciones de irse reflejan la tensión acumulada por la inseguridad, las viviendas dañadas y el acceso limitado a la electricidad y la calefacción», sentenció Erken.

El llamado de los organismos internacionales es claro y urgente: después de cuatro años de guerra, la resiliencia de la población ha llegado a su límite. «Una vivienda segura, energía confiable y servicios esenciales no son lujos. Son fundamentales para la supervivencia, la seguridad y la dignidad de las personas», concluyó el representante de la OIM.

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