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Muere Jesse Jackson a los 84 años: El adiós a un gigante de los derechos civiles que sacudió las puertas de la Casa Blanca

GREENVILLE, Carolina del Sur — El reverendo Jesse Jackson, una de las figuras más imponentes y perseverantes en la lucha por la igualdad racial y la justicia social en Estados Unidos, falleció este martes 17 de febrero de 2026 en su hogar en Chicago. Tenía 84 años.

Nacido el 8 de octubre de 1941 en Greenville, Carolina del Sur, Jackson no solo fue pastor bautista y activista, sino un rompedor de barreras políticas que transformó la manera en que los afroamericanos participan en la vida democrática del país.

Del lado de Martin Luther King a la fundación de PUSH

La trayectoria de Jackson en el movimiento por los derechos civics comenzó muy joven. En 1965, respondió al llamado de la historia y viajó a Selma, Alabama, para marchar junto a Martin Luther King Jr. Pronto se integró a la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano (SCLC), donde destacó por su organización y verbo ardiente.

En 1966, Jackson ayudó a fundar la rama de Chicago de la Operación Pan de Pesca (Operation Breadbasket), el brazo económico de la SCLC. Su liderazgo lo llevó a dirigir la organización a nivel nacional desde 1967 hasta 1971.

El 4 de abril de 1968, el destino lo colocó en la historia de forma trágica. Jackson se encontraba en el estacionamiento del motel Lorraine en Memphis, Tennessee, justo un piso abajo de donde Martin Luther King fue asesinado. Tras diferencias internas con la SCLC, fue suspendido y renunció formalmente en 1971 para fundar su propia organización: Operación PUSH (Pueblo Unido para Salvar a la Humanidad). Con sede en Chicago, la organización promovía la autodeterminación económica de la comunidad negra. Más tarde, en 1984, creó la Coalición Nacional Arcoíris, y en 1996 ambas entidades se fusionaron en la poderosa Coalición Rainbow/PUSH, que sigue vigente defendiendo los derechos de minorías, mujeres y la comunidad LGBTQ+.

El pastor que desafió la política y el mundo

Jesse Jackson llevó su activismo más allá de las fronteras de EE.UU. En la década de 1970 comenzó a viajar incansablemente. Visitó Sudáfrica para condenar el apartheid y medió en conflictos en Medio Oriente, abogando por un estado palestino. Aunque la Casa Blanca lo vio en ocasiones como un intruso, sus «diplomacias de paz» rindieron frutos concretos al lograr la liberación de soldados y civiles estadounidenses retenidos en Siria (1984), Irak (1990) y Yugoslavia (1999).

Su mayor impacto, sin embargo, fue en la política interna. Su esfuerzo por registrar votantes fue crucial para la elección de Harold Washington en 1983 como el primer alcalde negro de Chicago.

Pero Jackson soñaba más alto. En 1984 se convirtió en el segundo afroamericano en la historia (después de Shirley Chisholm) en competir seriamente por la nominación presidencial demócrata. Aunque su campaña estuvo marcada por la controversia -incluyendo su relación con Louis Farrakhan y un comentario desafortunado sobre los judíos de Nueva York, por el que se disculpó- logró un histórico tercer lugar.

Cuatro años después, en 1988, repitió la hazaña con una campaña aún más fuerte. Sus discursos, llenos de ritmo y esperanza, galvanizaron a las bases y lo llevaron a ganar varios estados, quedando como el segundo lugar en la contienda, solo detrás de Michael Dukakis. Aunque no ganó la nominación, su influencia forzó al Partido Demócrata a incluir las demandas de las minorías en el centro de su plataforma.

Un legado de familia y servicio

Además de su labor pastoral y activista, Jackson ejerció como senador «de facto» por el Distrito de Columbia entre 1991 y 1997, un cargo simbólico pero de gran peso político. Su legado también continúa en su familia: su hijo mayor, Jesse Jackson Jr., siguió sus pasos y se desempeñó como congresista de los Estados Unidos.

La partida de Jesse Jackson, ocurrida en Chicago a los 84 años, deja un vacío inmenso en la lucha por la justicia social. Recordado como un orador dinámico y un pastor incansable, será sepultado con los honores de un hombre que, como él solía decir, intentó «mantener la esperanza viva» hasta el final.

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