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Técnicos de argentina mantienen cultivos en la Antártida

Dos técnicos de Chubut viajaron a la Antártida para mantener los invernaderos que dan verduras frescas a las bases argentinas

Se trata de Alexis Cárdenas y Roque Sepúlveda, quienes trabajan en el Campo Experimental Trevelin del INTA Esquel. Durante su misión, realizaron tareas de mantenimiento en los módulos hidropónicos de las bases Marambio y Esperanza, garantizando el suministro de lechuga, rúcula y perejil para las dotaciones que pasan el invierno en el continente blanco.

12 de marzo de 2026

La producción de alimentos en la Antártida da un nuevo paso adelante gracias al trabajo de dos argentinos oriundos de la cordillera de Chubut. Alexis Cárdenas y Roque Sepúlveda, personal de apoyo técnico del INTA Esquel, viajaron a comienzos de 2026 a las bases Marambio y Esperanza. Su misión: realizar el mantenimiento de los Módulos de Producción Hidropónica que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) instaló en el lugar para abastecer de vegetales frescos a los científicos y militares que allí residen.

El viaje, enmarcado en un convenio de larga data con el Comando Conjunto Antártico, permitió que ambos técnicos vivieran una experiencia única. “Vinimos a realizar tareas nuevas, ordenar, pintar y hacer mantenimiento general, sobre todo en el techo. En la base Esperanza reconstruimos algunas cosas que faltaban, reacomodamos parte de las instalaciones y realizamos trabajos de mantenimiento. También estuvimos trabajando en la base Marambio”, explicó Alexis Cárdenas sobre las tareas realizadas.

Por su parte, Roque Sepúlveda detalló que su labor incluyó relevamientos, recambios de luces y trabajos de pintura para dejar los módulos en óptimas condiciones.

La travesía no fue sencilla. El equipo enfrentó contratiempos climáticos que retrasaron su llegada. “Tuvimos dos intentos de ingreso: el primero fue a mediados de diciembre, pero el avión no pudo aterrizar por la nieve. El segundo intento fue a mediados de enero de 2026 y ahí sí pudimos llegar”, recordó Cárdenas, graficando las extremas condiciones del terreno.

«Una experiencia espectacular»

Más allá del trabajo, la oportunidad de pisar la Antártida dejó una marca imborrable en los técnicos del INTA. Alexis Cárdenas no dudó en calificarla como «una experiencia espectacular». Durante su estadía, tuvieron la oportunidad de conocer tres bases: Petrel (de paso), Esperanza y Marambio. “Es un lugar muy distinto a lo que uno imagina. Hay mucho frío y nieve, pero también hay espacios para actividades recreativas. Es una experiencia inolvidable y estoy muy agradecido”, confesó.

Roque Sepúlveda coincidió con su compañero y destacó el valor de la misión en el plano personal y profesional. “Son experiencias únicas, lugares a los que difícilmente podríamos llegar si no fuera a través del trabajo en el INTA. La gente quedó muy conforme con nuestro trabajo y eso también se agradece mucho. Nos vamos muy contentos porque los módulos quedaron en muy buenas condiciones”, afirmó.

El balance del viaje no pudo ser más positivo. Los técnicos destacaron la calidez y colaboración de las dotaciones antárticas. “Desde los jefes de base hasta el personal de cocina, todos tuvieron una gran predisposición para ayudarnos. Nosotros llevábamos pocos materiales y muchas veces ellos nos proporcionaron lo que necesitábamos”, agregó Cárdenas.

El valor de la lechuga fresca en el fin del mundo

La importancia de estos módulos va más allá de la tecnología. Para quienes viven en la Antártida, aislados por meses de hielo y clima extremo, poder consumir una hoja de lechuga o rúcula fresca es un verdadero lujo. “Para las dotaciones esto es muy importante porque muchas veces los alimentos deben conservarse en cámaras de frío y no siempre hay verduras frescas. Para ellos tener una rúcula fresca para una pizza o una lechuga para una ensalada es algo espectacular. Están muy ansiosos esperando la producción”, explicó Sepúlveda.

Los módulos, que funcionan con un sistema de hidroponia, permiten cultivar rúcula, perejil, lechuga y otras verduras sin necesidad de suelo. Tras el paso de Cárdenas y Sepúlveda, que dejaron preparada la solución nutritiva, las propias dotaciones de las bases tomarán la posta para continuar con el cuidado de los cultivos, siempre con el acompañamiento remoto del equipo del proyecto, liderado por Jorge Birgi, del INTA Santa Cruz.

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