Detrás de la crema de calabaza que reconforta en días fríos o de las semillas tostadas que acompañan las sobremesas, hay un trabajo silencioso pero profundo: el de científicas y científicos mexicanos que rediseñan el futuro de uno de los cultivos más queridos del país.
En el Colegio de Postgraduados (Colpos), Campus Montecillo, la tradición ancestral se une con la genética de vanguardia para transformar la Cucurbita moschata —mejor conocida como calabacita amarilla— en un cultivo más resistente, nutritivo y productivo.
Esta especie, apreciada por su versatilidad en la cocina —salteada, en cremas, al horno con queso, sofrita con cebolla y tomate, o asada con ajo y parmesano—, es ahora el centro de una investigación que busca garantizar su permanencia en las mesas mexicanas.
Ingeniería con sabor a hogar
El proyecto, titulado “Valoración de familias de medios hermanos de calabaza para el mejoramiento de arquetipo: fruto y planta”, es desarrollado por especialistas del posgrado en Recursos Genéticos y Productividad Genética del Colpos.
El objetivo es claro: identificar a las “superplantas” dentro de poblaciones provenientes de Tamaulipas, Veracruz y los Valles Altos, para ampliar la base genética del cultivo y lograr plantas con características únicas, mayor adaptabilidad y mejor rendimiento.
¿Qué evalúan los especialistas en cada cosecha?
- Vigor y adaptación: capacidad de resistir condiciones climáticas cambiantes.
- Diseño del fruto: tamaño y forma que respondan a las necesidades del mercado.
- Productividad: mayor cantidad de alimento en la misma superficie de cultivo.
- Calidad agronómica: resistencia natural a plagas y mejor rendimiento.
El equipo de investigación, en conjunto con personal del Departamento de Campos Experimentales, realizó la cosecha de material experimental en las parcelas del campus, donde registraron estas características planta por planta.
Por qué esta investigación es clave
En un contexto donde la seguridad alimentaria es uno de los principales desafíos globales, fortalecer los cultivos nativos es un acto de soberanía. Mejorar la calabaza mexicana no solo garantiza mejores cosechas para los productores, sino también un alimento sostenible, nutritivo y con identidad para los consumidores.
La investigación está a cargo de las y los especialistas Ma. del Carmen Mendoza Castillo, José Agapito Pecina Martínez y Carmen Gabriela Mendoza Mendoza, quienes lo resumen con una frase contundente:
“La ciencia también se siembra y se cosecha.”















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