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 Hambre en América Latina baja por cuarto año, pero la obesidad se dispara 

  • Un informe de la ONU revela que, aunque 6.2 millones de personas dejaron de pasar hambre desde 2020, el 30% de los adultos sufre obesidad y pagar por una dieta sana en la región es un lujo inalcanzable para 181 millones de personas.

América Latina y el Caribe viven una paradoja nutricional sin precedentes. Según el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025, publicado hoy por varias agencias de la ONU, la región ha logrado reducir los niveles de hambre de manera constante durante cuatro años seguidos. Sin embargo, el acceso a una alimentación nutritiva se ha convertido en un privilegio, provocando que los índices de obesidad se disparen hasta casi duplicar el promedio mundial.

Menos hambre, pero no para todos

Los datos muestran un avance significativo en la lucha contra la subalimentación. En 2024, el 5.1% de la población regional padecía hambre, una mejora sustancial respecto al 6.1% registrado en 2020. Esto se traduce en que 6.2 millones de personas dejaron de sufrir hambre en los últimos cuatro años.

El progreso, sin embargo, es desigual. Mientras que América del Sur lidera la recuperación con una prevalencia del 3.8% (liderada por Brasil, Costa Rica, Guyana y Uruguay, que ya están por debajo del 2.5%), el Caribe enfrenta una emergencia humanitaria. La región caribeña registra un alarmante 17.5% de su población con hambre, una cifra impulsada por la crítica situación en Haití, donde más de la mitad de los ciudadanos (54.2%) padece subalimentación.

El alto costo de lo saludable

Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es el costo prohibitivo de una buena alimentación. América Latina y el Caribe se consolidó como la región más cara del mundo para comer sano, con un costo diario de 5.16 dólares por persona, lo que representa un aumento del 3.8% respecto al año anterior.

Aunque 15.4 millones de personas lograron acceder a una dieta saludable en comparación con 2021, la realidad es que 181.9 millones de habitantes aún no pueden costearla. Esta barrera económica está directamente relacionada con el alza de la obesidad, ya que las familias optan por alimentos ultraprocesados y más baratos.

La paradoja de la obesidad

Mientras el hambre disminuye, el sobrepeso se convierte en una crisis sanitaria. El 29.9% de los adultos en la región vive con obesidad, una cifra que casi duplica el promedio mundial del 15.8%. La situación también es grave en la infancia: el 8.8% de los niños menores de 5 años padece sobrepeso, superando ampliamente las metas globales fijadas para 2030.

A esta problemática se suma una profunda brecha de género. La inseguridad alimentaria afecta a las mujeres en una proporción 5.3 puntos porcentuales mayor que a los hombres, evidenciando las dificultades adicionales que enfrentan para acceder a recursos y nutrición. Los representantes de la FAO, FIDA, OPS, PMA y UNICEF hicieron un llamado urgente a los gobiernos para implementar políticas integrales que aborden esta doble carga de malnutrición.

“No podemos hablar de progreso real mientras las brechas sigan dejando atrás a millones de personas, especialmente a las mujeres”, afirmó Lena Savelli, directora regional del Programa Mundial de Alimentos (PMA). «El desafío ya no es solo llenar el estómago, sino garantizar que la comida sea nutritiva y accesible para todos», concluyó.

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